Adolescentes problemáticos

Escrito por Etty kaufmann Kappari

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A mí no me quieren en la casa ni en el cole. Dicen que soy una adolescente problemática. El otro día un profe se dio cuenta que yo tenía un mordisco en el cuello y en lugar de preguntarme, me puso una boleta. En la casa, ni le digo... me dieron duro.


Eso duele, pero lo que más me duele es que no les intereso. Porque si les interesara me preguntarían, ¿me entiende? ¿qué le pasó? ¿quién le hizo eso? ¿está bien?


Otro problema que tengo es que busco gente que me quiera pero al final también me va mal con eso. Yo me enamoro con solo que me vuelvan a ver y ellos lo único que quieren es usarme. Como que ya no sé qué más hacer para que se interesen en mí.


Dicen que soy una adolescente problemática. En la casa me pasan regañando y en el cole... ya tengo una colección de boletas. El cole es raro, viera lo que me pasó ayer...


Ayer en clase de matemática me hicieron pasar a la pizarra. Dos años de pandemia y me mandan a la pizarra, justo a mí, qué salada. ¡Obvio que me iba a ir mal! ¡Si no sé nada! ¿me entiende? Solo me va bien sumando. Pero restando y dividiendo, sinceramente, soy pésima, las divisiones nunca me salen. Y la multiplicación fatal porque me sé hasta la tabla del cinco, nunca pasé de ahí... La profe me regañó, que si no pongo de mi parte no voy a pasar. El problema es que no entiendo y mami ni siquiera terminó la escuela... ¿quién me va a explicar?


Mami me dice que probemos este año, pero que si no me va bien me saca porque es muy caro mandarme al cole. Y apenas estoy en sétimo, ¿se imagina si no voy al cole? ¿Qué va a ser de mí?


Como ve, tengo muchos problemas, ¿será por eso que me llaman problemática?


¿Qué dicen los docentes?


Hace algunos años, conversando con el profe Rafael Rubí del Liceo Julio Fonseca Gutiérrez, querido por sus estudiantes y respetado por sus colegas, me contó que, poco después de graduarse, lo mandaron a un colegio que recibía población “problemática”.


  • Como si me hubieran metido a la jaula de un león, así me sentí el primer día de trabajo, se lo juro. Yo sabía de historia y geografía, soy profe de Estudios Sociales, pero enseñar a varios grupos de 38 estudiantes al día... la verdad, de eso no sabía mucho. Después de haber estudiado la licenciatura en Educación, me di cuenta que me faltaba mucho por aprender, pero tuve que hacerlo sobre la marcha, fue en las aulas que me formé como educador.

Otra profe me decía:

  • Una de las cosas que más me impactaron al principio de mi carrera fue la cantidad de muchachos que se quedaban en mi curso. Yo diría que el 70% sacaba rojas en Ciencias. Para mí eso era lo peor, sentía que estaba haciendo mal mi trabajo. Tuve que ponerme a conversar con mis estudiantes. Terminamos haciendo experimentos en el patio y hasta creamos un periódico de ciencias. Ahora usamos Tiktok para estudiar. Mi objetivo cada año, es que todos pasen, no siempre se logra, pero he mejorado. Siempre les propongo ese reto. Responden bien cuando se dan cuenta que solo se logra trabajando en equipo.

¿Qué pasa con las familias?


Según el 8vo. Estado de la Educación, 297.000 estudiantes en Costa Rica están en condición de pobreza extrema, es decir, que probablemente van al colegio con hambre.


¿Cómo ayudar a las familias que no tienen ni para garantizar la comida de sus hijos e hijas? Son madres y padres sin escolaridad, sin oportunidades de trabajo, que tienen que salir a buscar el sustento y que aunque la luchan, ni siquiera logran cubrir la alimentación básica de sus hijos e hijas.


¿Cómo pedirles a las madres y padres de estos hogares en extrema pobreza que estén pendientes de sus hijos e hijas? ¿Cómo pedirles que les acompañen en una experiencia colegial de la que ellos y ellas fueron excluidas?


Una reflexión


El psicólogo Daniel Kahneman, Premio Nobel de economía propone que, con mucha frecuencia, tomamos decisiones importantes sobre una base de error, sobre prejuicios o imaginarios sociales.


Por ejemplo, la formación docente parte del estereotipo cultural de que existe un “estudiante ideal” (que se queda sentado todo el día, que copia la pizarra en el tiempo requerido y que entiende todo lo que su docente le explica).


Ese error se alimenta de otro muy común: de la idea de que existe un “docente ideal”, uno que lo debería saber todo, cumplir todo, resolver todo.


¿Es decir que la educación costarricense opera bajo ideales equivocados?


Finlandia lo hizo de otra manera. Puso énfasis en el estudiante. Esto significó acercarse y “hacer un fino y profundo análisis de las necesidades reales de cada alumno. La idea de que un alumno feliz, bien desarrollado, libre de progresar a su ritmo, adquirirá más fácilmente los conocimientos fundamentales no es una utopía de un pedagogo iluminado, es simplemente la idea que orienta la acción de todos: el Estado, las municipalidades, los directores, los profesores” (Robert, 2006).


Algunas ideas para dialogar sobre educación


  • Dejemos de culpar a estudiantes, a docentes o a las familias sobre lo que sucede en los centros educativos. No necesitamos mirar quién es el culpable. El sistema está resquebrajado y causa malestar general a la comunidad educativa, a la sociedad toda.

  • Las universidades públicas y privadas, además de transmitir conocimiento sobre la materia que imparten los docentes deberán profundizar sobre cómo aprenden las poblaciones estudiantiles, qué intereses tienen, de qué sufren, qué procesos socioemocionales atraviesan para crear nuevas metodologías de trabajo en el aula.

  • Que los y las docentes en formación universitaria tengan una relación más cercana con los centros educativos. De este modo, no solo vivirán la realidad colegial sino que podrán crear estrategias en equipo con los docentes de planta, una articulación que puede llegar a ser potente.

  • Construir una estrategia de formación continua con el Instituto de Desarrollo Profesional Uladislao Gámez centrada en las capacidades docentes para el manejo de grupos en el aula.

  • Por último, pero no menos importante, urge la inclusión de una estrategia en salud mental que se adapte a las necesidades de cada centro educativo.

No hablemos de estudiantes problemáticos, hablemos con ellas y ellos para conocer sus problemas que de ahí surgirán las respuestas. Como Finlandia, pongamos la mirada y la escucha en el estudiantado.


Incluir al estudiantado de manera activa en su educación es un camino que debemos seguir construyendo.