Bullying invisible: cuando el rechazo duele más que el golpe
- Communitas

- Jul 27
- 2 min read
Por Etty Kaufmann Kappari.

En el bullying invisible no hay golpe ni insulto directo, la exclusión es silenciosa. Sucede cuando un adolescente queda fuera del grupo, cuando es el único que no ha sido invitado a la fiesta, cuando se le saca del chat, cuando es ignorado sistemáticamente. Eso es también bullying.
"No debe ser tan grave", piensan, porque no hay golpes. Pero sí es grave. Las investigaciones demuestran una cantidad importante de efectos negativos tanto en quien es excluido o excluida como en quienes excluyen.
Por un lado, este tipo de bullying puede derivar en ansiedad generalizada, depresión, autolesiones para quienes sufren la exclusión. También afecta el rendimiento, las notas bajan, el muchacho o la muchacha no se pueden concentrar porque la tristeza les tiene atrapados. No están disponibles para aprender, por más que se empeñe el mejor de los profesores. Necesitan que su situación se resuelva para poder continuar.
Por otro lado, el que excluye también se ve afectado negativamente porque le estamos enseñando que esa es una manera válida de vincularse con el otro y eso le pasará factura en su futuro también.
Sin embargo, algunos colegios se han centrado exclusivamente en lo académico: clases, tareas, exámenes, notas. Así le prometen a las familias un nivel alto que garantice mejores condiciones para sus hijos e hijas en el futuro. Pero dejan de lado algo determinante: el aprendizaje social. Cómo relacionarse, cómo colaborar, cómo cooperar, cómo estar con otros, capacidades absolutamente necesarias para su vida personal y laboral.
Los adultos tenemos ahí una responsabilidad que no siempre asumimos: cuando no logramos ayudar a resolver el sufrimiento de un adolescente, ese sufrimiento no desaparece. Se acumula, y las consecuencias se ven después, en su relación con el estudio, con sus vínculos, consigo mismo. Les marca para la vida.
Trabajar el aspecto de la convivencia no es un lujo ni un tema secundario frente a lo académico. Es lo que nos permite construir entornos más sanos, más productivos y adolescentes que puedan ser parte activa de la sociedad, no solo sobrevivir dentro de ella.

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