EL ABUELO ÁNGEL

Escrito por Isabel Garbanzo


Con ocasión de la celebración del día del padre, de pronto, me encuentro pensando en el Abuelo Ángel y viene a mi memoria cuando lo conocí, hace 30 años…él sentado en el corredor de su casa…yo con unos seis meses de embarazo, con los pies hinchados a más no poder por el calor que hacía en el pueblo.


- “Mucho gusto en conocerlo” le dije…por respuesta recibí un:


- “¿Y este es su primer embarazo? ¿Ya tiene otros hijos?”


Al escucharle pensé “que preguntas tan inapropiadas”, pero le di el beneficio de la duda, y con gracia respondí:


- “Si señor, es mi primer embarazo, no tengo otros hijos.”


Luego me enteré de que el abuelo Ángel es bien conocido allá en la zona sur, por ser dueño de una cantina muy concurrida por las buenas bocas que servía. Todos en el pueblo conocen a “Angelito” como cariñosamente le llaman.


El es un hombre pequeñito, oriundo de Turrubares, que en los años cincuenta, se fue a vivir la fiebre de trabajar en las bananeras de la zona sur. Lo pequeñito dicen que no le quitaba que fuera “terriblon”, bromista por naturaleza y con un uso muy fino del sarcasmo, que le facilita decir casi cualquier cosa. En todo caso si se ofenden “es solo una broma”.


El abuelo Ángel disfruta de contar historias de la bananera, de los viajes familiares en semana santa y de sacarle chiste a todo. Él sabía cómo iniciar rápidamente una amena conversación con cualquiera que lleváramos de visita a su casa. Dice uno de sus hijos que es muy dadivoso con “los de afuera” y cómo no, él era buenísimo para quedar bien con los clientes de la cantina.


Las pocas veces que vino a San José veía en él un desasosiego por regresar al pueblo. Difícilmente lograban que pasara un par de días fuera de casa, ya que él ama estar allá con su machetito cortando maleza en el patio, sembrando “matas”, una pasión que compartimos, ya que ambos tenemos “buena mano para las matas”, le encanta que yo le pida un hijito de alguna matita y yo me siento muy halagada cuando me tiene una ya preparada…eso me dice que en algún momento pensó en mi gusto por las plantas.


Lo incomodo de nuestro primer contacto quedó atrás y cada vez que lo visitamos me toca el corazón ver como al voltearse y verme llegar se ilumina su mirada como con gran sonrisa y ternura me dice “diay, ¿cómo ha estado?” con una calidez digna de un buen y dulce abuelo.


El Abuelo Ángel, recién cumplió 94 años y ahora pregunta cuando le van a volver a salir los dientes… Esa inocencia de niño me recuerda que la vida es un ciclo, que llegamos a este mundo sin pelo, sin dientes, al inicio necesitamos usar pañales y que otros nos den los cuidados básicos para que logremos sobrevivir. Para allá vamos todos, al menos esa es la ilusión, un ciclo de vida de infante a adulto mayor, que muchos como el abuelo tienen la dicha de completar.


No conocí a ninguno de mis abuelos y del escaso contacto con mis abuelas no guardo ningún buen recuerdo, PERO del Abuelo Ángel atesoro la ternura de su mirada y su cálida sonrisa cada vez que me ve llegar.


El amor es una construcción y como tal se nutre, se fortalece, florece y en el proceso se recogen sus frutos, o no. A los seres queridos, se les brinda amor, tolerancia y empatía a lo largo de la vida, y así cuando partan de este mundo podremos dejarlos ir y quedar en paz.


(IMAGEN: Dibujo lineal de @marcebarrito)





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