El diagnóstico no define quién eres
- Etty Kaufmann Kappari
- May 26
- 2 min read
Por Etty Kaufmann
Recibir un diagnóstico psicológico puede sentirse como escuchar una sentencia. De pronto, una palabra —ansiedad, depresión, TDA— parece condensar todo lo que eres, como si tu historia, tus vínculos y tus posibilidades quedaran contenidos en esa etiqueta. Entonces surge esa pregunta que duele o da miedo: ¿este diagnóstico me acompañará para siempre?
Y es comprensible que esa pregunta aparezca. Vivimos en una cultura que nombra rápido, que clasifica para ordenar, que busca en el diagnóstico una explicación definitiva. Pero una etiqueta, por más precisa que sea, nunca alcanza para decir quién es una persona.

Es cierto que a veces el diagnóstico trae alivio: finalmente hay un nombre para lo que duele. Pero ese alivio puede volverse una trampa cuando el nombre ocupa el lugar de las preguntas: por qué, desde cuándo, qué dice eso de mi historia.
Es cierto que hay condiciones que requieren acompañamiento sostenido, y que el diagnóstico cumple una función importante: orienta el tratamiento, abre caminos de comprensión y permite construir estrategias para vivir mejor. Pero también hay diagnósticos que cambian, que se transforman o que pierden vigencia porque el sufrimiento psíquico no es estático. El movimiento es la evidencia de que detrás de cada categoría hay una persona concreta.
En la clínica, esto se ve con claridad. Dos personas con el mismo diagnóstico pueden tener trayectorias completamente diferentes, porque cada una viene de una historia singular, de vínculos únicos, de formas propias de elaborar el malestar. Parte del trabajo clínico, precisamente, es abrir una distancia entre la persona y la etiqueta que cree ser.
Por eso, más allá de cualquier categoría diagnóstica, lo que define a una persona es su historia, su deseo y su capacidad de transformación.
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Completamente de acuerdo y lo digo por experiencia: una persona no es definida por la etiqueta que le pusieron en un momento determinado que por otro lado no es un momento fijo en el tiempo. A la persona la definen sus circunstancias y más que nada su deseo