LOS LAZOS DE SOLIDARIDAD

Escrito por Isabel Garbanzo


La solidaridad como concepto tiene que ver con el apoyo incondicional a causas o intereses ajenos, particularmente en situaciones difíciles. Desde el campo de la sociología se refiere al sentimiento y la actitud de unidad basada en metas o intereses comunes, o sea, ayudar al otro a cambio de nada, hacerlo simplemente porque se considera bueno. La acción solidaria genera lazos que están en el sustento del propio ser humano como ser social.


Aunque la solidaridad es inherente al ser humano, pareciera que a veces está reservada a ponerse en práctica solo ante catástrofes, o situaciones extremas. Sin embargo, la solidaridad es una acción, una decisión que se puede aplicar en el día a día, es cuestión de elección.


La solidaridad debiera fomentarse, a nivel de formación desde la temprana edad, fortaleciendo y promoviendo el compartir, el empatizar, el entender al otro, el ayudar sin esperar nada a cambio, más que la satisfacción de hacer lo que es correcto y apropiado. Sin lugar a duda esta es la base para que en la adultez se den esos comportamientos solidarios naturalmente. En el empuje a la individualidad, muchas veces hacemos las cosas a cambio de una recompensa, de un qué gano, qué recibo, sin caer en cuenta de que las acciones solidarias valen la pena por sí mismas, el simple hecho de ayudar a nuestros semejantes lo debe valer todo.


Es maravilloso que ante situaciones drásticas surja la solidaridad y que como humanos seamos capaces de adaptarnos y salir adelante. Pero ¿qué tal si la solidaridad no la reservamos solo para situaciones extremas y elijamos ponerla en práctica en el día a día, a todo nivel? Seguramente podríamos ver cómo surge, desde la realización personal, el inicio de una sociedad mejor, lo que nos vendría muy bien a todos.


Hacerlo solo implica el esfuerzo emocional de ser más conscientes de mirar a nuestro alrededor, mirar al “vecino” e idear maneras de apoyar desde donde estamos y según nuestras capacidades.


En la fila del supermercado, ya entrada la noche, un señor adulto grande, pone sobre la banda media docena de huevos, dos bollos de pan y un lavaplatos pequeño.


-La cajera pasa la tarjeta y le dice “fondos insuficientes”


-El señor dice “puede averiguar cuánto dinero me queda disponible para ver que devuelvo”


-Ella replica “no, no hay manera de hacerlo, solo puedo volver a pasar la tarjeta”.


-El asiente. La tarjeta es nuevamente denegada. El hecha una última mirada a los huevos, el pan…y lentamente empieza a alejarse.


De pronto la señora detrás de él le grita “Señor” …él vuelve a ver, y ella le dice “yo lo pago”.


-La cajera dice “1.800 colones”


-El señor le dice “muchas gracias, realmente se lo agradezco, y sepa que se lo debo.”

-La señora le dice, “no se preocupe, con mucho gusto”.


Pensé en cuanta ilusión al elegir esos panes, imaginar el desayuno del día siguiente…Cuanta impotencia al dejar ahí “su desayuno”. Cuanto agradecimiento ante la solidaridad de un desconocido.


Estos tiempos que han venido a arrebatar tanto a tantos… miremos a nuestro alrededor busquemos maneras de apoyar desde donde estemos y según nuestras capacidades, generemos lazos de solidaridad.


¿No parece tan difícil, o sí?


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