METÁFORAS VS. DIAGNÓSTICOS

Por Nicole Loynaz


La metáfora es una figura literaria donde hay una sustitución de una cosa por otra. Nuestra psique tiene una afinidad por las metáforas ya que la psique/alma/mente es abstracta, una red simbólica.


Parte del trabajo a través de un análisis es traducir esas sensaciones abstractas en palabras. Lo que vivimos internamente muchas veces no tiene nombre y las metáforas cumplen un rol maravilloso en irle dando forma a todo aquello.


Entonces, acudir a la metáfora agiliza la traducción que debemos hacer para poder pasar una experiencia o sensación al intercambio del lenguaje. “Siento como si fuera un esclavo trabajando en el campo, viendo al hombre libre”, “La relación era como un barquito de dos motores, pero el mío estaba apagado”.


Metáforas como estas nos permite la movilización de lo interno y así poder trabajar en ello. La traducción, o inscripción en el lenguaje, permite que nos vayamos apropiando de lo que nos pasa en vez de ser determinado por ello.


El problema del diagnóstico es que impide la traducción subjetiva, o sea la traducción de cada uno sobre su propio padecer. Y en vez de eso se reduce al ser (abstracto) a un número, un código diagnóstico, uno más de la estadística, obstaculizando la movilización de aquello que vivimos por dentro a una posible traducción.


Es decir, el diagnóstico impide ese movimiento necesario interno hacia otra cosa. Se petrifica el ser en una serie de síntomas, los cuales hay que ‘tratar’ con medicación o técnicas de adaptación donde esos síntomas puedan seguir existiendo. El diagnóstico nos permite seguir padeciendo lo que no nos atrevemos a traducir.

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