Por qué no hay profesionales en psicología en los colegios públicos
- Communitas

- Aug 18
- 2 min read
-Por Etty Kaufmann Kappari

Cuando algo le pasa a un adolescente en un colegio público de Costa Rica -una crisis de ansiedad, una tentativa suicida, cutting, una señal de alerta, un episodio de violencia- muchas personas asumen que hay un profesional en psicología que puede intervenir. No lo hay. Lo que existe es la figura de la orientadora o el orientador, y aunque suene similar, no es lo mismo.
Esto no es una crítica a su trabajo. Al contrario: la orientación es una profesión fundamental dentro del sistema educativo. Una orientadora conoce el contexto familiar, el rendimiento académico, la dinámica del grupo, las particularidades de cada estudiante dentro de la vida cotidiana del colegio. Ese conocimiento es precioso. El problema no es la orientación en sí, sino que hoy tiene que cargar sola con una tarea que, idealmente, debería compartir con la psicología.
De hecho, en los colegios hay estudiantes que se benefician de la prevención: programas de habilidades socioemocionales, espacios de conversación grupal, actividades que fortalecen la autoestima y la gestión de conflictos antes de que escalen. Ahí, muchas orientadoras hacen un trabajo valioso.
Pero también están quienes han sido expuestos a situaciones de riesgo y requieren de una atención especializada. Adolescentes que arrastran años de bullying, de soledad, de bajo rendimiento académico, de violencia en casa o en la calle, para quienes un taller grupal ya no alcanza, porque lo que necesitan es otro tipo de atención, más individual y sostenida en el tiempo. Ahí es donde el sistema, tal como está diseñado hoy, no tiene con qué responder.
A veces, cuando alguien ya está al borde del precipicio, en lugar de jalarlo hacia atrás, terminamos empujándolo, no por mala intención, sino porque no hay nadie con el tiempo, la formación clínica ni el mandato para sostenerlo antes de que caiga.
En países como Finlandia, la figura del psicólogo escolar existe como un cargo formal, separado de la orientación. Es un profesional con formación clínica, dedicado exclusivamente al bienestar emocional de los estudiantes, trabajando codo a codo con quien conoce el día a día del aula: la orientadora hace prevención y detecta señales; la psicóloga sostiene la atención especializada cuando la señal ya escala. Juntas forman exactamente la mancuerna que hoy falta en el sistema público costarricense.
¿Cuántos adolescentes están hoy al borde del precipicio? Esa información la conocen en los centros educativos; lo que no saben es cómo atender los casos más complejos. Ahí es donde propongo que la figura del psicólogo o la psicóloga resulta fundamental. No se trata de esperar a que el problema se agrave para actuar, sino de atender a tiempo.

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Yo trabajo en una escuela primaria pública, soy la única psicóloga, miembro del equipo interdisiplicinario (psicología, orientación y trabajo social) y aunque suena muy bonito tener un equipo así la realidad me ha mostrado que no basta con tener al profesional en el centro educativo. Porque aún seguimos sin saber bien cuál es el rol de los miembros del equipo interdisiplicinario, a los psicólogos nos dicen que no podemos hacer terapia, que no es clínica, que nos toca hacer otras cosas y aunque hay una larga lista de funciones y cosas que se supone son prevención, la verdad es que pasamos apagando incendios, enviando referencias a otras instituciones y sintiendo, al menos yo, que no hay chance para actuar a…