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Acompañar a adolescentes en su elección vocacional

Por Etty Kaufmann Kappari

 

"¿Y tú qué vas a estudiar?" Pocas preguntas generan tanta ansiedad en la adolescencia. Se supone que a los 17 años hay que tener claro qué se quiere hacer el resto de la vida, cuando en realidad todavía están descubriendo quiénes son. No es casualidad que la elección de carrera sea, una mezcla de presión familiar, miedo a fallar y la sensación de estar tomando una decisión de "adulto" sin sentirse adulto todavía.

No saber qué estudiar no es un fracaso ni una señal de que algo está mal. Es la situación más común. La indecisión vocacional en la adolescencia es esperable, no es patológica. La cuestión está en atenderla.


¿Por qué la elección de carrera pesa tanto?


Sienten que se juega su futuro económico, la aprobación de su familia, su identidad y hasta su valor personal, todo en una sola elección. También la presión social, las opiniones a veces contradictorias y un mercado laboral que cambia más rápido de lo que cualquier carrera dura.

Todo esto produce ansiedad, bloqueo o una sensación de "todo me da igual" que en realidad es agobio disfrazado.


¿Qué hacer?

Acompañar a un adolescente en su elección vocacional no es solo entregarle un test y decirle "esto es lo que debes estudiar". Es un proceso —no un resultado instantáneo— que pasa por varias capas:


Conocerse antes de decidir. Antes de explorar carreras, vale la pena explorar a la persona: qué le interesa genuinamente (no lo que cree que debería interesarle), en qué tipo de actividades se engancha, qué se le da con facilidad, qué valores quiere que su vida profesional refleje.


Separar la voz propia de las voces ajenas. Muchos adolescentes no saben distinguir entre "esto me gusta a mí" y "esto le gustaría a mi familia". Parte del trabajo es ayudarles a notar esa diferencia, sin que eso signifique ignorar a la familia, sino integrar ambas voces conscientemente.


Explorar sin comprometerse todavía. Hablar con personas que ejercen distintas profesiones, investigar planes de estudio reales (no solo el nombre bonito de la carrera), hacer pasantías cortas o talleres. La exploración reduce la ansiedad de decidir "a ciegas".


Tolerar la incertidumbre. Esta es, quizás, la habilidad más subestimada. Un adolescente que aprende a decidir con información suficiente —aunque no sea perfecta ni definitiva— construye una herramienta que usará toda su vida, mucho más allá de esta decisión puntual.


Algunas señales de que vale la pena buscar acompañamiento profesional


● El adolescente evita por completo el tema, se bloquea o se angustia visiblemente al hablar de su futuro.

● Hay un conflicto fuerte entre lo que quiere estudiar y lo que la familia espera de él o ella.

● La indecisión viene acompañada de baja autoestima, ansiedad marcada o desmotivación generalizada.

● Ya eligió una carrera, pero por descarte, presión o miedo, no por convicción propia

● Se acerca una fecha límite de inscripción y el nivel de angustia sigue subiendo


Lo que un buen proceso vocacional le deja al joven, más allá de "qué estudiar"


Si el acompañamiento está bien hecho, lo que el adolescente se lleva no es solo el nombre de una carrera. Se lleva una forma de pensar sus propias decisiones: cómo escucharse, cómo tolerar el hecho de no tener todas las respuestas, cómo separar su voz de la de los demás sin desconectarse de su entorno.

 
 
 

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