La pesadilla y la angustia
- Communitas

- May 17
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Escrito por: Kira Schroeder
En el cuento Un día en la vida de Ricardo Piglia, una máquina demoniaca destinada a desechar a los creativos escribe una novela microscópica titulada “La pesadilla”. La misma leía así: “Una tía a la que yo he querido mucho se vuelve loca y es telépata y en el sueño no me deja despertar”. Justo en eso consiste la experiencia de la pesadilla según Lacan, “la angustia de la pesadilla es experimentada, hablando con propiedad, como la angustia del goce del Otro”. La chica de la micronovela cumple la función del íncubo o súcubo, que sentado sobre el pecho del durmiente, le aplasta bajo su goce y paraliza el despertar. Lacan apunta que ese goce del Otro viene acompañado de una pregunta, un enigma. El ejemplo que nos da de esto es el de la Esfinge que recibe a Edipo en la entrada de Tebas. La esfinge, un monstruo alado con cabeza de mujer y cuerpo de león, proponía un reto en forma de acertijo a toda persona que quisiera entrar a la ciudad. Cuando le toca a Edipo, le propone la siguiente adivinanza: ¿Cuál es el ser que con una sola voz tiene cuatro patas, dos patas y tres patas? Edipo da la respuesta correcta al contestar que el ser humano gatea al nacer, camina en sus dos piernas en su adultez y se ayuda con un bastón al envejecer. De la misma manera al despertar de una pesadilla no podemos no preguntarnos ¿por qué tuve ese sueño tan angustiante?

(Gustave Moreau, 1864)
También en el Seminario sobre la Angustia, Lacan nos refiere al texto escrito por el psicoanalista inglés Ernest Jones en 1910 titulado “On the nightmare” o “Sobre la pesadilla”. Aunque en una primera búsqueda de la etimología de la palabra nightmare, se especifica que “mare” no tiene la misma raíz que la forma actual con que se nombra a una yegua en inglés, sí encontramos que los caballos también pueden sufrir la visita de estos íncubos. Inicialmente la palabra “nightmare” viene del AngloSaxon neaht (noche) y mara (íncubo), que literalmente se puede traducir como “una trituradora”. La mara sería una demonia que cabalga al durmiente aplastándole. Por su lado mare viene del Anglo Saxon mere, la forma femenina de mearh, un caballo.
Henry Fuseli, 1781
El estudio de Jones relaciona la pesadilla con la yegua, tomando como fuente la mitología. “Muchas leyendas teutónicas vienen de la antigua creencia en la diosa Hel que se tiraba sobre los hombres durmientes en la forma de un caballo.” (Jones, pg. 256) Imposible no pensar en la leyenda centroamericana La Segua. Segua viene de la palabra cihuatl de la lengua náhuatl, vocablo que significa mujer. La Segua aparece primero como una hermosa mujer que luego se transforma en un monstruo con cabeza de yegua, que se le aparece a los hombres que andan en malos pasos por caminos solitarios y nocturnos.
Pablo Porta, 2015
¿Pero qué nos dice este registro de un espíritu equino y femenino nocturno que reparte angustia mientras cabalga sobre los durmientes? En español la palabra pesadilla surge de pesar, poner peso sobre, estripar. Jones encontró que la acción de ´la íncubo´ en las distintas culturas es la de presionar sobre, pisotear, cabalgar, palabras que se utilizan en doble sentido para decir que se ha tenido o se ha de tener relaciones sexuales. Nos hace notar además que los demonios nocturnos y los demonios de la muerte son difíciles de diferenciar, “La muerte siempre ha sido representada como el resultado de un espíritu que de forma violenta y en contra de su voluntad le roba a uno la vida. Afín a nuestro tema presente, es usualmente representada como alguien que monta un caballo.”
La pesadilla, entonces, es la representación onírica del goce del Otro, que se convierte en una experiencia angustiosa de parálisis y dificultad para respirar. Trae consigo el enigma que da nacimiento al sujeto y lo acompaña a lo largo de su vida: ¿Qué quiere el Otro de mí? ¿Qué soy yo para el Otro? Pero la pesadilla ocurre por la fantasía neurótica de un Otro sin falta que podría gozarle hasta aplastarlo, desaparecerlo, o matarle violentamente. De ahí que la angustia aparezca cuando falta la falta. Lo interesante es que, en muchos de los ejemplos que brinda Jones, en su exhaustiva discusión sobre el tema, el cabalgar y el ser cabalgado son intercambiables: entre un ser humano y un ser animal, entre una bruja y un hombre violento.
En la reflexión que hace Jorge Luis Borges sobre la pesadilla, diferencia su horror particular de los demás horrores que pueden acontecer a una vida humana: “(…) la pesadilla tiene un horror peculiar y ese horror peculiar puede expresarse mediante cualquier fábula.” En esto coincide con Jones: los mitos son la forma colectiva de las pesadillas de cada quien. Pero además, añade Borges: “es el sabor de la pesadilla. (…) En los tratados que he consultado no se habla de ese horror (…) ¿Si las pesadillas fueran grietas del infierno?” Justo en el infierno se estaría a expensas de un Otro maligno que goza de infligir sobre el impío un sufrimiento repetido eternamente. ¿A qué sabe una pesadilla? ¿A las astillas de la pérdida de objeto oral? ¿Cuándo estamos más, si no es en los primeros años de vida, en manos de un Otro que pareciera omnipotente?
* Este texto fue inicialmente presentado en el Grupo de Estudio sobre el Seminario X: La Angustia, dirigido por Kira Schroeder, Milagros Jaime y Jorge Ramírez. Si está interesado en participar escríbanos al correo: sabadoslacanianosCR@gmail.com.
Piglia, Ricardo. Cuentos completos. Epub. Edición del 2006. P. 619.
2 Lacan, Jacques. La Angustia. Editorial Paidós. 2006. P. 73.
4 Lacan, Jacques. La Angustia. Editorial Paidós. 2006. P. 73.
7 Jones, Ernest. On the nightmare. The international psycho-analytical library: No. 20. (1910) Pg.245
9 Jones, Ernest. On the nightmare. The international psycho-analytical library: No. 20. (1910) P.256.
12 Jones, Ernest. On the nightmare. The international psycho-analytical library: No. 20. (1910) P. 255
13 Idem. Pg. 265
15 idem





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