Estrategias socioemocionales para el trabajo con adolescentes

Escrito por Etty Kaufmann Kappari

https://www.communitascr.com/etty-kaufmann


A los quince - en un momento de tensión familiar, mi papá soltó una frase que me marcó para toda la vida:

  • Puedes ponerte pesada, hablarme feo, hacer lo contrario de lo que te digo, pero esta siempre va a ser tu casa y yo siempre voy a estar para ti.

Recuerdo perfectamente que esta frase me sorprendió y me produjo un enorme alivio, a la vez. Mi papá, en paz descanse, me dio seguridad en un momento en el que realmente la necesitaba. Estoy segura de que él comprendió claramente el riesgo que significaba para mí quedar peleada con mi propia familia, desvinculada y sola en plena adolescencia.


Incluso, a partir de ese momento, me empecé a portar mejor.


Adolescencias


Es común que la gente piense que la adolescencia “ya pasará”, como si fuese una gripe molesta. Sin embargo, al igual que la infancia, la adolescencia deja marcas para toda la vida.


La magnitud de los cambios en la pubertad y la adolescencia causa perplejidad, inseguridad y miedo. Y no es para menos porque irrumpen muchas sensaciones desconocidas al mismo tiempo. El cuerpo se transforma, las hormonas hacen de las suyas, una nueva sexualidad despierta.


¿Será normal lo que me pasa? ¿Por qué mi abuelo me mira los pechos? Ayer tenía el cutis terso de una niña y hoy amanecí con una espinilla roja en la punta de la nariz que no me deja concentrarme en clase...


La avalancha de cambios implica un ajuste psíquico, vincular y cognitivo extraordinario.


Es cierto que la adolescencia también tiene ese otro lado emocionante: tomar el bus por primera vez, salir sola con una amiga, darse un beso detrás del gimnasio con la persona que le gusta. Pero, eso mismo que emociona les pone en riesgo porque aún no tienen la experiencia suficiente y, muchas veces, tampoco les hemos dado la confianza para que acudan a mamá, a papá, a sus docentes o a alguna figura adulta.

Los adolescentes y las adolescentes suelen tener miedo o desconfianza a compartir sus angustias por las reacciones represivas que hemos mostrado los adultos hacia ellos y ellas o porque hemos manejado mal una situación y no hemos asumido la responsabilidad de nuestro error.


Tienen miedo a hablarnos y eso les pone en riesgo.

Por eso es tan importante construir territorios seguros para que las muchachas y los muchachos naveguen ese viaje riesgoso y lleno de incertidumbres que es la adolescencia con personas y espacios protectores, la casa y el colegio.


¿Qué es un territorio seguro? Es aquel en el que se sienten en confianza para hablar de sus incertidumbres, problemas y errores con el fin de resolverlos.


¿Son los colegios territorios seguros? No totalmente. Veamos por qué.


Una docente de secundaria puede llegar a trabajar con más de 150 adolescentes al día. Eso implica atender 150 vidas diferentes, de contextos variados y necesidades diversas; muchachos y muchachas en riesgo.


Si ponemos la lupa en una clase, encontraremos: estudiantes a los que maltrataron en la infancia y arrastran los efectos traumáticos del castigo físico y psicológico; muchachos y muchachas que fueron abusadas sexualmente y no han tenido espacio para procesar su tragedia; quienes se cortan porque ya no dan más; los que van quedados en mate, estudios sociales y ciencias...


¿Están los profes y las profes preparadas para el reto de educar ante esta adversidad y complejidad?


¿Su formación universitaria responde a la realidad que se vive en los colegios?


No lo suficiente. Les urge conocer y aplicar herramientas socioemocionales que permitan mejorar el clima de la clase, que refuercen los vínculos, la colaboración y, por tanto, el aprendizaje. Desgraciadamente, muchas veces, las únicas herramientas que tienen a mano son las sanciones, las restricciones y los regaños.


Se aprende mejor en territorios seguros


En mi carrera profesional he realizado intervenciones en más de 120 escuelas y colegios públicos y privados de Costa Rica. He hablado con niñas, niños, adolescentes, docentes, orientadoras, directoras y directores. Gracias a estos diálogos y a mucho estudio, he identificado uno de los elementos más importantes para una educación de calidad: hacer del aula un territorio seguro para el aprendizaje.


Finlandia nos ha enseñado mucho sobre esto. En ese país, lejos de usar las sanciones y los regaños, apuestan por el trabajo socioemocional, permitiendo de esta manera que desarrollen sus ideas; fomentan espacios para discutir problemas actuales, para la cultura y el arte, para la convivencia interdisciplinar e intergeneracional.


“La idea de que un alumno feliz, bien desarrollado, libre de expresar sus ideas y de progresar a su ritmo para adquirir más fácilmente los conocimientos fundamentales no es una utopía de un pedagogo iluminado, es simplemente la idea que orienta la acción de todos en Finlandia: el Estado, las municipalidades, los directores, los profesores” (Robert, 2006: 2).


Para hacer de los colegios territorios seguros para el aprendizaje en Costa Rica tendremos que apoyar a los y las docentes. Eso significa brindarles herramientas de intervención socioemocional para el trabajo grupal, individual, en el pasillo, con las familias y con la comunidad.


La docencia es una de las profesiones más importantes de la sociedad pero también de las más difíciles y cansadas. Por eso, lejos de señalar al docente como el culpable de los niveles de fracaso en la educación o al estudiantado de indisciplinado y violento, apoyemos la construcción de un vínculo entre estudiantes y docentes que permita convertir cada aula, cada cole, en un espacio donde se dé una conexión más amable, productiva, creativa y, sobre todo, segura.


Lo que les decimos o les hacemos a las niñas, los niños y adolescentes, impacta en su presente y en su futuro. Si les damos seguridad, aprenderán y podrán desarrollarse mejor; si les damos palabras hirientes y castigos, desarrollarán desconfianza y no podrán acceder a una educación de calidad.


Se aprende mejor en territorios educativos seguros.


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