LA DEPRESIÓN

Por Etty Kaufmann Kappari.


“No tengo ganas de nada, ni de levantarme, ni de salir, ni de ver a nadie”, escuchamos la queja en la clínica.


La depresión “no es simplemente un estado de ánimo, no es simplemente un fenómeno del humor; no es sencillamente la tristeza.” (Soler, 2010)


En la depresión, la persona siente que no tiene ganas de nada. Nada le despierta interés, nada le importa, no quiere nada y eso, inevitablemente, complica su relación con los seres cercanos: la familia, las amistades, en la escuela o en el trabajo.


Lo que en algún momento de la vida pareció atractivo, desapareció. Se sufre el presente y no se ve el futuro. Nada parece interesante, nada. En psicoanálisis la depresión se considera como una enfermedad del deseo.


¿Por qué ocurre? La literatura “psi” plantea que la depresión surge ante un atasco psíquico no resuelto (una decisión que no pudo ser tomada, un cambio abrupto no elaborado). Lo que parecía estar bajo control, ahora no lo está. Se entra en una especie de pausa.


¿Qué papel juega lo social en la depresión? La depresión se considera como un producto de nuestra época y las estadísticas así lo comprueban: en el mundo, más de 300 millones de personas sufren depresión (OMS, 2020). En Costa Rica, un 61% de la población posee sintomatología depresiva (UNED, 2020).


Esta es una época donde la exigencia a tener éxito, a mantener una imagen perfecta, una alegría constante, un consumo irrestricto de objetos del mercado produce desesperanza. Nada se parece a la foto posteada en Instagram o en Facebook, nada de lo que se hace o de lo que se tiene se parece a ese ideal social inalcanzable.


Ese ideal de éxito nos pone ante una dificultad tan grande que lo terminamos rechazando.


No solo el sujeto padece la depresión. Esta también afecta a su círculo social porque ante la pregunta ¿qué te pasa? La respuesta es no sé. Ante la exigencia social de salir de la depresión con voluntad (¡haga algo! salga a caminar, lea un libro, llame a sus amigos), la respuesta es la ansiedad porque hay una impotencia a moverse ante la demanda insistente de éxito.


¿Qué hacer? Muchas veces la medicación es necesaria para cortar la inercia del desamparo. Algo que le permita al sujeto un bálsamo para entrar nuevamente a lo social. Pero no puede ser nunca la única salida. La depresión no se cura con medicamentos.

El psicoanálisis propone dar entrada a la palabra, un espacio para la aparición del sujeto, de cada sujeto (prohibido generalizar). Desde su sufrimiento podremos escuchar cuáles son esos puntos ciegos, esos nudos en los que se inscribió este rechazo.


La propuesta es avanzar hacia un camino del deseo, una búsqueda hacia esa vida que sí quiere ser vivida. Y también, por supuesto, para que el sujeto construya los límites propios a esa demanda social despiadada.



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