PENSAR-SE DE MANERA FRANCA Y HONESTA

Escrito por Isabel Garbanzo


La escucha profesional que brinda la psicoterapia posibilita a los consultantes pensar-se en un espacio seguro, ético y libre de prejuicios. Los motivos de consulta que se escuchan giran en torno a una infinidad de situaciones de vida tan particulares como cada sujeto que consulta. De mi experiencia en la consulta he de decir que lo que más escucho es como se sufre por el desbalance entre amor, deseo y goce, como se sufre por estar aferrados a ideales propios o ajenos, a trabajos que no se disfrutan, se pierden o se anhelan, a relaciones, que quizá seguramente hace rato ya no van más.


Con el acompañamiento de una escucha profesional se posibilita el ver que ya es momento de soltar, dejar ir, y concluir que los motivos pueden ser bien válidos. En el espacio que ofrece la psicoterapia, se puede elaborar en torno a la posibilidad de agradecer por lo que fue e irse en paz, parar de mentirse usando el artilugio de descalificar todo lo que ahí fue, diciéndose que de todos modos ya desde el principio se sabía que iba a terminar mal. El mentirse de esa manera, solo refuerza la relación con ese lugar por medio de la hostilidad. Es decir, sino se elabora, el distanciamiento se da a nivel físico, pero no emocional, se sigue ahí pegados a ese ideal, a ese trabajo, a esa relación.


Con la escucha profesional se posibilita concluir que ya es momento de irse, dejar ir, soltar y hacerlo de una manera sana, sin hacer mucho alboroto o mucho drama. Se cae en cuenta que, si algo ya está roto, para qué seguir rompiendo lo que queda, se trata de poder irse sin hacerlo mal, y en ese dejar ir, abrirse a las nuevas posibilidades.


Uno se va realmente de un lugar cuando no necesita degradar lo que fue, y muy por el contrario logra ver que, en algo, mucho, o poco se amó, y que al irse se llevan consigo experiencias y aprendizajes. Se comprende que en lo que fue, algo se aportó, algo de nosotros ahí queda, pero se concluye que ahora es preciso seguir adelante, continuar el viaje, quizá extrañando eso que fue, pero validando y reconociendo lo que nos aportó. Cuando se trabaja el irse sanamente de “un lugar” se puede decir “ahí estuve”, se posibilita agradecer por lo que fue, por lo vivido y que en algo contribuirá a nuestras experiencias presentes y futuras.


Con el espacio que brinda la escucha profesional se concluye que a veces es bueno que algo termine, y no morirse en vida por eso. Se puede dejar ir al amor (de cualquier índole que sea) sin mucho drama, porque esa relación, ese ideal, ese trabajo, ese vínculo no era el viaje en sí, sino solo una etapa de éste.


La vida es un viaje, no un evento, y es de agradecer que en algún tramo ella oferte el poder pensar-se de manera franca y honesta en un espacio seguro como es el de la psicoterapia.


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