TRANSFERENCIA, LE LLAMAN

Escrito por Isabel Garbanzo


La consigna básica de la terapia psicoanalítica es que el paciente diga libremente todo lo que le pase por la mente, sin censura. Asociación libre le llaman, y gracias a ella salen a la luz los aspectos inconscientes del funcionamiento del paciente y la conexión existente entre el padecer y lo que de éste se dice.


Una vez iniciado el tratamiento, el paciente establece una relación especial, íntima con el analista y proyecta en este los sentimientos de amor – odio que tiene hacia otras personas, en especial los del entorno familiar. Es positiva cuando se proyectan sobre el analista sus sentimientos de amor y negativa si lo que se proyecta son sentimientos de odio. Transferencia le llaman.


Sirviéndose de la transferencia el analista facilita el surgimiento de lo inconsciente en forma de palabras, encontrando a través de ellas el vínculo con el padecer del paciente. Es así como sesión a sesión el paciente va cayendo en cuenta de ciertos aspectos inconscientes de su padecer, de sus dificultades psíquicas al poder re-experimentarlas y darles un nuevo sentido a nivel emocional. Todo esto en el marco de la relación terapéutica que se ha establecido con el analista.


La siguiente es una viñeta de un tratamiento que entre “ires” y “venires” tomó unos quince años…


En la infancia

A “Mariposa” le arrebataron su infancia de un solo tajo…

A los cinco años, experimentó tocamientos sexuales por parte de un amigo especial de su madre…

A los siete fue su primer padrastro, a quien ella veía como su padre.

Para los ocho le tocó el turno a su segundo padrastro, el mas perverso de todos.

Su pecado era parecerse físicamente a su madre, ser como ella, en versión niña…

De los cinco a los ocho años, tres hombres adultos, se encargaron de hacerla perder su inocencia…

Las tres veces los denunció con la madre y la respuesta vez tras vez fue…

“Te irás al infierno por mentirosa”, “los provocas y tienen una debilidad contigo, hay que entenderlos”…

“Mariposa” creció con culpa…porque su infantil cuerpo algo sintió...

Pensaba que si no la amaba la madre, nadie la amaría…

A los nueve ideó como estar fuera de la casa materna durante el curso lectivo y lo logró por ocho años.

La familia del frente era su refugio diario en los meses de vacaciones. Ahí pasaba todo el día.

Con el espejo de esa familia funcional entendió que había otra manera de relacionarse sanamente.


En la adolescencia

Desde los nueve años estaba clara que lograr un título universitario la sacaría de aquella vida de mierda.

Tendría un título, tendría un trabajo, tendría una casa propia y al fin se libraría de esa vida de mierda.


Adulta-Joven

Al inicio de su vida universitaria recurrió a la religión para tratar de entender y perdonar a su madre.

Nunca lo logró…” tienes que perdonar y honrar a tu madre” le decían…

¿Ella pensaba “y a la hija no la debe honrar y defender la madre?

La religión no le alcanzó, no entendía como su madre la usaba como carnada y aun así había que honrarla.


El Psicoanálisis

Ya de adulta alguien le habló de una psicóloga, le dijeron que era terapia psicoanalítica.

En la primera sesión contó entre olas de llanto todo su dolor, todo su rencor, todo su odio.

Por primera vez en su vida no le dijeron que la perdonara, no le dijeron que la honrara.

Por primera vez quien la escuchaba no lloraba con ella…sólo le mostró los “Kleenex.”

Con asombro escuchó un “usted tiene razón, su madre es una completa mierda” vamos a trabajarlo.

Ahí enganchó con el psicoanálisis…Transferencia le llaman.


Ver, Comprender, Concluir

Años de sesiones le permitieron a “Mariposa”:

Ver que su madre no era sana mentalmente.

Comprender que la perversión ahí estará para siempre.

Concluir que esos adultos eran perversos y ella sólo fue su instrumento de goce.

Ella logró perdonarse y entendió que perdonar no significa seguir exponiéndose y así pudo alejarse para siempre en paz.


“Mariposa” siempre ha pensado que su analista es un ángel que le ayudó a salvarse de su propia historia.


Transferencia le llaman…