LA APUESTA “COSTA RICA TRABAJA Y SE CUIDA”…UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA.

Escrito por Isabel Garbanzo


Soy una señora ya grande, y quizá como muchos otros, jamás imaginé tener que vivir una pandemia. Ese término estaba sólo en los textos de historia, era muy lejano el concepto y gracias a la ilusión de omnipotencia, que como humanos tenemos, siempre estuve segura de que una crisis de estas dimensiones no me alcanzaría, que no tocaría mi vida, ni la vida de mis familiares, colegas, amigos, pacientes, y clientes. El futuro, yo lo tenía bien planeado, muy bien detallado, hasta el día que llegó el Covid-19… y conforme se fue expandiendo y afectando más y más la normalidad, esa ilusión de omnipotencia, ese futuro tan ilusoriamente, controlado se esfumó.

Aceptar que no somos omnipotentes no es tarea sencilla, caer un día en conciencia que no tenemos bajo control nuestra vida, que no somos dueños y señores del futuro, de lo imprevisible, de las circunstancias. Ya con la ilusión de todopoderosos desarmada, lo cierto del caso es que cuando lo imprevisible nos golpea de frente, como lo ha hecho el Covid-19, tenemos al menos dos opciones:

· Quedar paralizados por la angustia, el temor, la desesperación de no saber realmente cómo vino este virus, vernos enfrentados a la Experiencia de lo Real, de lo traumático, es decir atravesados por lo imposible de saber, de hacer, de soportar la incertidumbre de cómo o cuándo se irá, si es que el Covid-19 se va.

· Analizar objetivamente la situación y ver con qué recursos emocionales y materiales contamos para hacerle frente y lograr salir adelante. Muchos hemos podido cambiar las condiciones de nuestra cotidianeidad, limitando las salidas a lo estrictamente necesario, cancelado las visitas familiares y sociales, trabajando desde casa. Muchos afortunados conservan sus empleos e ingresos intactos, algunos otros tienen desde hace meses ingresos reducidos, pero ingresos fijos al fin. Otros han echado mano a sus talentos y pasatiempos y los han convertido en su fuente de ingresos ocasional, mientras pasa la pandemia, reinventarse le llaman.

Luego de las etapas de cierre y restricción para evitar el colapso de nuestro sistema de salud, recién entramos en la etapa denominada “Costa Rica trabaja y se cuida” que pretende lograr un balance entre sanidad y productividad. Esta será una prueba de cómo lograr convivir con la pandemia, algo que tarde o temprano tendremos que aprender a hacer. Como muchos dicen, si no nos morimos por el virus, nos moriremos de hambre. La verdad es que hay muchísimas personas en nuestro país pasándola bastante mal a nivel económico y emocional. Entonces ahí esta la apuesta, esperemos ganar.

En este intento, en esta apuesta, por probar si nos será posible “trabajar” esto es llevar a cabo actividades económicas, pero también sociales y a la vez “cuidarnos”, se pondrán a prueba al menos tres supuestos:

· La capacidad del Estado como responsable de las políticas públicas en balance con los derechos ciudadanos. Nos irá bien si logran cumplir, al menos medianamente, con esta responsabilidad. Es una responsabilidad de Estado y no de políticos de turno. Hacer politiquería en estas circunstancias, solo será dispararse en el pie.

· La responsabilidad de todos y cada uno de nosotros como ciudadanos de este país. Es claro que lograr trabajar, socializar respetando las normas del distanciamiento social, que quiere decir cuidarnos, a nosotros mismos y a quienes nos rodean, es una gran responsabilidad individual. Si no lo hacemos no habrá salida y esto nos afectará negativamente a todos, será como una reacción en cadena.

· El alto o precario nivel de nuestros valores sociales, éticos y solidarios de nuestra convivencia social. La capacidad de pensar más allá de nosotros mismos será de beneficio para todos, nuestra condición humana saldrá fortalecida si probamos tener interiorizados este tipo de valores.

En esta etapa no sólo se trata de poner a “jugar” de nuevo al sujeto de consumo en el mercado, al que produce, al que genera, al que consume, veremos en juego, ¿en acción qué tanto nos “importamos” a nosotros mismos?, ¿qué tanto valor le damos a nuestra salud física, pero también nuestra salud mental? qué tanto estamos dispuestos y conscientes de cuánto nos exponemos, nos arriesgamos a nosotros mismos y a los demás?, ¿así como qué tanto nos importan los demás?, si es que en algo nos importan.

Salir victoriosos de esta etapa no deja de ser cuestión de intereses y decisiones políticas, pero lo cierto es que también se trata de una cuestión ética, donde debemos priorizar nuestra condición humana como tal, donde nos debe importar el otro, su angustia, sus contingencias, su sufrimiento y también el nuestro.

Y la esperanza, al menos la mía, es que producto de esta pandemia podamos generar construcciones sociales que nos permitan un mejor vivir, narrativas y acciones basadas en el ser y no en el tener, ya con la lección aprendida de lo que es esencial para todos y cada uno de nosotros.

Psicóloga – psicoanalista y consultora de RRHH para pequeñas empresas

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