La narración por los desechos
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-Por Kira Schroeder

Jaques Alain Miller, discípulo de Jacques Lacan – un estudioso de Freud – escribió y pronunció un texto titulado La salvación por los desechos. Allí argumenta,
“(…) bastó con que apareciera el psicoanálisis y su promesa de salvación por los desechos para que nos diéramos cuenta de que hasta entonces, no se había buscado sino la salvación por los ideales.” (1)
Freud le dio estatuto de verdad a los desechos de la ciencia positiva bajo la que se formó como médico. Los sueños, los lapsus los olvidos, la narración de las enfermas de histeria no eran datos importantes para la medicina. No aportaban al saber del médico, no le daban de comer al saber mirada ávida del galeno. A pesar de ser médico, Freud sí se detuvo en lo que no anda, lo que tropieza, lo que trastabilla, lo que erra, lo que aparece para luego fugarse, lo que habita Otra escena (2). Ese teatro que no puede encontrarse a través de microscopios o radiografías; que los exámenes de sangre no pueden rastrear; que torna sordo al estetoscopio ante lo que pulsa en el deseo y lo que arde del goce.
Esta Otra escena es el resultado del hermoso desarreglo que resulta de un lenguaje que parasita un organismo viviente y lo hace irrepetible e incorregible. Lo humano, según el psicoanálisis, es esa escritura que llamamos lo inconsciente y que habita el habla —olvidos—, los actos —repetición— y los cuerpos —síntomas—. Se rehúsa a ser identificado por los electrocardiogramas, pero sí se deja acariciar por los poetas. Los psicoanalistas somos recolectores de desechos, como los buzos que retrata el escritor costarricense Fernando Contreras en su libro Única mirando al mar (3). Buzos que nadan en el botadero de basura de una ciudad, y a quienes Contreras les otorga la dignidad de personajes literarios con pleno derecho de amar, soñar y equivocarse. Algo así es el psicoanálisis, un quehacer que encuentra en lo que menos brilla del sujeto el hallazgo justo y le confiere el estatuto de verdad: no un saber universal, sino una verdad singular.
De esta compleja relación entre lenguaje y carne viviente nacen los infinitos caminos de la cultura. Desde la guerra hasta las letras de Shakespeare, al psicoanálisis le interesan los pasajes más sinuosos. Hoy me quiero referir a un trillo literario específico que apuesto a llamar la asunción de las erratas.
Sé que la palabra asunción, como salvación, tiene un correlato religioso: el 15 de agosto se conmemora, en el catolicismo, la asunción en cuerpo y alma de la Virgen María por parte de Dios (4), razón por la cual, en Costa Rica, en dicha fecha se celebra también el Día de la Madre. La idea implica una elevación del cuerpo —normalmente dejado como desecho de la vida terrenal— junto al alma. Y esa tendencia a subir o darle un lugar más elevado a lo que normalmente sería el resto nos permite pensar una de las formas en que Lacan piensa la sublimación. Se trata de hacer con el objeto pequeño a— resto de la producción del sujeto por el lenguaje— de manera que se eleva a la dignidad de la Cosa (5). Así es reinterpretado el desecho y adquiere, bajo cierta perspectiva, un rango distinto al de un pedazo que no se adecúa a las buenas formas. El ejemplo que da Miller en el texto antes mencionado es el del surrealismo, cita a Paul Valery argumentando que el arte es la salvación por el desecho. (6) Pero también lo podemos pensar a partir del epígrafe del texto La interpretación de los sueños de 1900. (7) Freud coloca allí la siguiente frase, flecteresi nequeo superas, Acheronta movebo tomada del escritor romano Virgilio. Quiere decir “si no puedo mover a los dioses del cielo, moveré al infierno”, que da inicio a este movimiento desde el basurero hacia el aletheia, una verdad que se descubre y asciende con todo y la tierra entre las uñas.
Me remito a dos anécdotas de la historia de las erratas literarias – el primero de Irene Vallejo, el segundo de Barbara Kingslover - que nos dan claves para argumentar el movimiento de su asunción.
Irene Vallejo, en su libro El infinito en un junco, nos relata la historia del nacimiento del libro y de sus coleccionistas. Antes del nacimiento de la imprenta en Occidente en 1440, los libros se reproducían a mano. Para que existieran varias copias de un escrito y, por lo tanto, se pudieran atesorar libros en distintas bibliotecas, se necesitaba entonces de escribas. Intentar hacer una copia exacta de un texto era una tarea ardua, artesanal que dejaba su trazo de yerros. Dice Vallejo,
“Aunque la mano que copió un libro fuese anónima, a través de los errores hemos podido saber dónde nació el escriba, qué nivel cultural tenía, su agilidad mental y sus gustos, hasta su psicología aflora en sus omisiones y en palabras intercambiadas.” (8)
El próximo escriba que copiara la copia con errores transcribiría los errores del primer escriba y añadiría algunos propios. Así como en la oralidad el poema, que al ser recitado por un bardo cambiaba en cada performática, la copia a mano significó una transformación similar del original. En la Gran Biblioteca de Alejandría, donde se encontraba la más grande colección de libros en papiro, había suficientes copias de un clásico como para compararlas e identificar las diferencias.
“Observaron que el proceso de copias sucesivas estaba alterando sigilosamente los mensajes literarios. () Con el transcurso de los siglos, los textos se erosionarían por la fuerza silenciosa de la falibilidad humana— como las rocas se erosionan por la acometida constante de las olas—, y los relatos se volverían cada vez más incomprensibles, hasta la disolución del sentido.” (9)
Los eruditos de la biblioteca se dieron a la tarea de intentar reconstruir la forma original de los textos, con lo cual surgieron importantes técnicas de investigación en literatura y su especialización en el quehacer del filólogo y el crítico literario. Nos podemos imaginar las airadas discusiones sobre “el verdadero origen” que se dieron entre los maestros.
Para nuestra definición de asunción de las erratas, esos movimientos son importantes: el de reconocer un error que se repite y dice algo de alguien, luego el de la orientación hacia el desgaste de un texto que lo vacía de sentido y, por último, el de la curaduría de la historia original de un texto, un estudio que lo convierte en una singular versión de los hechos. Podemos decir que estas tres dinámicas acontecen en un proceso de asunción de las erratas y en un psicoanálisis.
En la novela de Barbara Kingsolver, The poisonwood bible (La biblia envenenada) se cuenta otra anécdota de asunción de erratas que vale la pena rescatar. Adah, una de las hijas de la familia Price, que sobrevive al intento de su padre de convertir a los congoleses a la cristiandad, confiesa a su regreso a los Estados Unidos que se ha dedicado a coleccionar libros famosos por sus erratas. Particularmente, se interesa por las biblias, debido a las ironías que las erratas permiten. Cuenta que, cuando las imprentas eran escasas, la versión de la Biblia que la imprenta ofrecía, era la que estaba a la mano de la gente. La gente se la aprendía de memoria con sus errores incluidos, dando lugar a célebres versiones.
“En 1823 cuando el Antiguo Testamento apareció con el verso “Y Rebekah surgió con sus camellos —en lugar de damas—“, se conoció como la Biblia de los camellos. En 1804, la Biblia de los Leones hacía que los hijos salieran de los leones en lugar de los entrañas, y en la Biblia de los asesinos de 1801, los quejumbrosos en Jude 16 no murmuraban, ellos mataban. En la Biblia de los peces de pie, los pescadores debieron mirar con harta sorpresa cuando “los peces se pusieron de pie en toda la orilla desde Engedi hasta Eenglaim.” Hay docenas de estas: La biblia de la melaza, la Biblia del oso, la Biblia del insecto, la Biblia del vinagre. En la Biblia de peca-más, John 5:14 exhortó a los creyentes no “no pecar más”, sino a “peca aún más.”” (10)
Aunque es aburrido explicar los chistes, es necesario anotar que en inglés existe una relación de homofonía entre “camels” y “damsels”, “lions” y “loins”, “murmur” y “murder”, entre otros. Más allá de intentar entender el origen de los equívocos en las distintas ediciones, nos resulta interesante que la hija de un pastor coleccione Biblias famosas por sus erratas. No busca por el mundo las primeras ediciones ni las mejores traducciones; ella es otra coleccionadora de palabras imperfectas con sentidos irónicos.
En este último caso de asunción de las erratas, el énfasis está en el Witz (8). Cuando lo cómico proporciona alivio a través de la risa en un cuerpo atormentado por el peso de significantes plagados de sentido. Adah sobrevivió a su historia, no sin convertir al padre en una biblia errática en la que apoyarse. Porque el padre también es un resto, el resto de una metáfora sonriente: un filo, una orilla, un borde en el que ponerse de pie —como los peces— para poder ver más allá de la madre.
¡Vaya hermosa ironía! Que la historia de nuestras propias pifias, en tanto asumida, nos permita reír y amar más y hasta doler al estilo propio.
(1) MILLER, J.A. “La salvación por los desechos”, El Psicoanálisis, Revista de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, Nº 16, Noviembre 2009, Barcelona, España, y fue traducido por Nicolás Landriscini Marin. Publicado por primera vez como “Le salut par les déchets”. In: Mental: Clinique et pragmatique de la désinsertion en psychanalyse, n.24.
Clamecy, avril 2010.
(2) Freud, Sigmund. “La interpretación de los sueños” (1900). En Obras Completas Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1992. p. 72.
(3) Contreras, Fernando. “Única mirando al mar” (1993). San José: Editorial Costa Rica.
(4) Papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 a través de la constitución apostólica Munificentissimus Deus. Fuente: https://universidadcatolica.edu.py/fundamentos-biblicos-del-dogma-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria/
(5) Lacan, J. Seminario 7. La ética del psicoanálisis. Cap. XXII. “La demanda de felicidad y la promesa analítica”. Paidós, Buenos Aires, 1988. p. 138.
(6) MILLER, J.A. “La salvación por los desechos”, El Psicoanálisis, Revista de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, Nº 16, Noviembre 2009, Barcelona, España, y fue traducido por Nicolás Landriscini Marin. Publicado por primera vez como “Le salut par les déchets”. In: Mental: Clinique et pragmatique de la désinsertion en psychanalyse, n.24.
Clamecy, avril 2010.
(7) Freud, Sigmund. “La interpretación de los sueños” (1900). En Obras Completas Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1992. p. 1
(8) Vallejo, Irene. “El Infinito en un junco” (2022). Madrid: Siruela. p. 92.
(9) ídem. p. 93
(10) Kingsolver, Barbara. “The Poinsonwood Bible”. Harperperennial: New York. p. 533.

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