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Acerca de farmear aura y otros trends en el fin de los tiempos

Sep 30
4 min read


Recuerdo detalles. Eventos y personas. ¿Pero cómo era realmente vivir con tiendas, refrigeradoras, teléfonos y computadoras personales? No tengo ningún recuerdo real de eso. Dicho esto, sí recuerdo que había una sensación de certeza. El mundo tenía un… un orden. Una forma de hacerlo. Había dramas y convulsiones, inevitablemente, pero los cimientos… parecían inquebrantables.

Así recuerda el doctor Ian Kelson, personaje interpretado por Ralph Fiennes en 28 Years Later: The Bone Temple, el mundo anterior a la fractura. No está en este diálogodescribiendo un tiempo perfecto, mucho menos recurriendo a aquel lugar común según el cual todo tiempo pasado fue mejor. Kelson, más bien, evoca un mundo en el que parecía existir cierto orden; un mundo donde los semblantes todavía parecían distribuir lugares, asignar funciones y ofrecer coordenadas para situarse en el lazo social.

Quizá por eso el diálogo de este personaje en la película se cuela tan sutilmenteentre los espectadores que, sin habitar un escenario posapocalíptico, parecen transitar también por un territorio cuyo mapa se ha fracturado. Las coordenadas que antes permitían orientarse ya no alcanzan para trazar un rumbo; vivimos en el lag de ese “recalculando” del GPS.

Sin embargo, propongo desconfiar de una conclusión demasiado apresurada: que la pérdida de esas coordenadas que organizaban la vida común sea prueba de que vivimos una época excepcionalmente degradada. Para esto último, el filósofo Santiago Gerchunoff denomina provincianismo histórico a la tendencia a imaginar el propio tiempo como especialmente terrible y, al mismo tiempo, único. No somos la primera generación convencida de asistir al banquete del fin del mundo, con un menú que incluye el deterioro del lenguaje, la transformación de los lazos y de los modos de estar juntos. Desde Hesíodo, que en la Grecia antigua lamentaba haber nacido en la peor de las edades, hasta el “punto cero apocalíptico” que anuncia el filósofo Slavoj Žižek, pareciera que siempre hemos estado viviendo en el final de los tiempos.

Hoy en día algo se está perdiendo, es cierto, pero mientras lamentamos la desaparición de ciertas coordenadas, otras referencias empiezan a proliferar frente a nosotros con un ritmo que nos excede y que apenas permite reconocerlas: trends, memes, palabras, gestos y pequeños rituales colectivos que nacen, se reproducen y desaparecen en cuestión de semanas. Žižek diría que en estas formas colectivas está en juego algo parecido a un ritual neosagrado de goce obsceno. Es decir, sabemos que hay algo banal e incluso ridículo en ellas y, aun así, participamos, ya sea repitiéndolas o compartiéndolas en las redes, poniendo a circular algo de ese goce. Obsceno no tanto por lo que muestra, sino por el exceso que exhibe en su repetición y hasta en su ridiculez. Algo que no deja de recordarnos el valor que tenían lo grotesco y la degradación en la cultura carnavalesca medieval y renacentista pensada por Mijaíl Bajtín. Lo carnavalesco rebajaba lo solemne para mostrar que ningún orden es tan intocable como parece; al mismo tiempo abría la posibilidad de algo nuevo. Hasta septiembre de 2026, farmear aura se vuelve también encuentro y carnaval en plazas públicas y campus universitarios; y posiblemente ya estemos en la antesala del próximo trend.

Por ahora, farmear aura nombra una operación de semblante: producir ante los otros una presencia que pueda ser leída como singular, deseable o digna de reconocimiento. Como espectadores o partícipes, sabemos que hay ahí una performance, un artificio, una imagen y una puesta en escena bastante trivial; pero precisamente por eso resulta interesante. Saber que un semblante es un semblante no necesariamente impide quefuncione.

Mientras se desdibujan las viejas coordenadas de orientación, empiezan a aparecer otras referencias cuya fugacidad y precariedad dificultan reconocer el lugar que llegan a ocupar. Tal vez parte del desconcierto provenga de exigirles a esas nuevas referencias la consistencia de las coordenadas anteriores. Santiago Gerchunoff piensa la ironía como algo más que otro síntoma de una supuesta degradación contemporánea: ahí donde proliferan las voces, se multiplican las identidades, abundan las opiniones y sobran pretensiones de saber, la ironía puede operar como un límite para aquello que pretende afirmarse con demasiada certeza. Llevada esa idea al terreno de estas tendencias efímeras, la proliferación de trends, códigos y gestos puestos en circulación pública parece insistir justamente en su carácter contingente: ninguna de esas referencias termina de fijarse antes de ser retomada, deformada, ironizada o sustituida por otra; cada forma queda expuesta casi de inmediato a la réplica y a la ironía.

Aquí es donde la nostalgia puede jugarnos una mala pasada. El psicoanalista Paul Verhaeghe se pregunta si el mundo de antes era mejor y responde: no, era distinto. Las formas de relacionarnos con la autoridad, con los otros y con nosotros mismos cambian; también cambian los ideales con los que una sociedad nos invita a reconocernos. Y con ellos cambian las formas que adquiere el malestar.

La pregunta, entonces, podría ser otra: ¿qué formas de orientación, pertenencia y lazo están apareciendo allí donde primero vemos solamente disolución? Algunas serán tan fugaces como el trend de turno; otras lograrán precipitar algún tipo de consistencia.Ninguna tiene por qué ofrecer la tranquilidad de aquello que parecía durar para siempre.

Y quizá ahí convenga volver al doctor Kelson en 28 Years Later: The Bone Temple. Porque el significante que podríamos recortar de su recuerdo tal vez no sea “inquebrantables”, sino “parecían”. Los cimientos parecían inquebrantables. Quizá nunca lo fueron. Tal vez lo que se ha perdido no sean las coordenadas, sino la posibilidad de creerlas inquebrantables.

Referencias

Bajtín, M. (2003). La cultura popular en la Edad Media y en el Renacimiento: El contexto de François Rabelais. Alianza Editorial.

DaCosta, N. (2026). 28 Years Later: The Bone Temple. Columbia Pictures.

Gerchunoff, S. (2019). Ironía On: Una defensa de la conversación pública de masas. Anagrama.

Verhaeghe, P. (2023). Onbehagen (Malestar). De Bezige Bij.

Žižek, S. (2011). Living in the End Times. Verso.

Žižek, S. (2016). Problemas en el paraíso. Anagrama.

 

 
 
 

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