Infidelidad en la pareja: duelo, trauma y reconstrucción
Updated: 1 day ago
Nora Borenstein
Estudié Psicología en la Universidad de Buenos Aires donde me gradué en 1975. Al poco tiempo de recibirme comencé a atender pacientes en privado, a dar clases en la carrera de psicología de la Universidad del Salvador, en la Universidad de Buenos Aires y en la de Lomas de Zamora.
En el año 2002 me instalé en Costa Rica. Desde ese año continúo con asistencia de pacientes, docencia universitaria en la Universidad Latina, donde sigo actualmente, en la UCACIS y en la UACA. Grupos para Hijos de padres adultos y grupos de estudio de psicoanálisis.
Infidelidad en la pareja: duelo, trauma y reconstrucción
Una infidelidad no siempre significa ruptura y separación.
Duele, sin duda, y rompe el ideal de pareja que se tenía hasta ese momento. Pero conviene detenerse a pensar qué posibilidades existen para transitar esa crisis y reconstruirse después de ella.
Una infidelidad no decide por sí sola el final de una relación. Lo que define si una pareja se separa o se reconstruye no es la gravedad del hecho, sino lo que ambos hacen con él en los meses siguientes: cómo se responde, quién asume qué, y si el trabajo se sostiene cuando la crisis inicial ya pasó.
Qué pasa en el momento en que aparece el engaño
Descubrir una infidelidad no solo rompe la confianza en el otro: rompe la coherencia interna de quien la descubre. La persona traicionada empieza a revisar hacia atrás cada recuerdo compartido, buscando señales que no vio, y esa revisión constante es parte de lo que hace tan agotador este proceso.
Freud en Más allá del principio del placer (1920),escribe algo así como que el trauma no se procesa de una vez: el aparato psíquico repite, una y otra vez, la escena que lo desbordó, intentando ligar algo que no pudo ligarse en el momento del impacto. Esa repetición es, lo que vemos en la revisión obsesiva del pasado: no es terquedad ni masoquismo, es el psiquismo tratando de metabolizar lo que lo sobrepasó.
En mi práctica he observado que muchas personas traicionadas desarrollan síntomas similares a los del trastorno de estrés postraumático: hipervigilancia, pensamientos obsesivos, ansiedad, depresión y trastornos somáticos. Un paciente relataba que, cada vez que recordaba lo ocurrido con su pareja, aparecía de inmediato un dolor de estómago que lo obligaba a correr al baño. También consultó al cardiólogo porque tenía antecedentes de hipertensión y temía estar provocándose un infarto. Literalmente decía: "esto me mata". No es una metáfora: el sujeto se descompensa.
Como señala Diana Rabinovich, el cuerpo no es ajeno al deseo ni a su herida: cuando el sujeto es tocado en lo más propio de su elección amorosa, el cuerpo responde donde la palabra todavía no llega. Por eso el dolor de estómago, la taquicardia o el insomnio no son "exageraciones": son el lenguaje que encuentra el cuerpo cuando el psiquismo aún no puede nombrar lo ocurrido.
La persona que cometió la infidelidad tampoco sale indemne. Convivir con el secreto, el miedo a ser descubierta y, después, la culpa, generan su propio desgaste emocional, aunque ese sufrimiento no sea comparable ni deba usarse para minimizar el daño causado
Las reacciones más comunes
En las semanas siguientes al descubrimiento suelen aparecer, con distinta intensidad según la persona: Ira y, en algunos casos, reacciones agresivas hacia la pareja o hacia la tercera persona.
Necesidad obsesiva de entender "por qué": qué le faltó, qué tiene el otro que ella o él no tiene. La explicación rara vez calma el dolor, aunque se busque con urgencia.
Caída abrupta de la autoestima en quien fue engañado, y sensación de pérdida del propio criterio ("¿cómo no lo vi?").
Decisiones impulsivas: algunas personas rompen de inmediato para evitar el contacto que reactiva el dolor; otras quedan atrapadas en una relación en la que ya no confían, sin poder irse ni quedarse en paz.
Una crisis existencial más amplia, porque una infidelidad no solo daña el vínculo de pareja: desgasta la confianza en los pactos inconscientes con los que la persona interpretaba su vida. Lacan, con su famosa frase "no hay relación sexual"explica que ninguna pareja, por más sólida que parezca, colma completamente el deseo del otro. Esa falta estructural no justifica la infidelidad, pero ayuda a entender por qué la pregunta "¿qué tiene el otro que yo no tengo?"; rara vez encuentra una respuesta que alivie: busca llenar, con una explicación racional, un vacío que es constitutivo del deseo mismo, no una carencia personal reparable.
Ninguna de estas reacciones es señal de "estar exagerando". Son respuestas esperables ante una ruptura de confianza que, psicológicamente, se procesa de forma parecida a una pérdida traumática.
Lo que diferencia a las parejas que logran seguir adelante
La infidelidad puede determinar el fin de una relación; puede desencadenar una crisis profunda y, al mismo tiempo, abrir una oportunidad real de cambio, según cómo se trabaje después .
Isidoro Berenstein y Janine Puget, referentes del psicoanálisis vincular establecen que una pareja no es la suma de dos psiquismos individuales sino un vínculo con su propia lógica inconsciente, donde circula "lo ajeno": aquello de la historia, el deseo o la falta de cada uno que el otro no termina de asimilar. Pensar la infidelidad solo como una falla moral de quien la cometió deja afuera esta dimensión vincular, que es justamente la que hay que trabajar para reconstruirse.
De la evidencia disponible pueden extraerse rasgos concretos de las parejas que lo logran:
1. Responsabilidad sin condiciones de quien fue infiel. No alcanza con pedir perdón una vez: se necesita que la persona asuma el hecho sin justificarlo por insatisfacciones previas, sin pedir que se "supere rápido" y sin culpar a la pareja por su propia decisión.
2. Procesan el daño juntos, no lo esconden. Cuando la infidelidad se minimiza o se guarda en silencio, el resentimiento tiende a cronificarse y la relación queda suspendida en una coexistencia sin confianza real, aunque por fuera parezca resuelta.
3. Integran lo ocurrido como aprendizaje, no solo como herida.
4. Construyen reglas nuevas y explícitas, en lugar de volver a la relación anterior tal cual era. Esto incluye acuerdos concretos sobre transparencia, límites con terceras personas y qué necesita cada uno para volver a sentirse seguro.
Como propone Stephen Mitchell desde el psicoanálisis relacional, el amor que dura no es el que se mantiene idéntico a sí mismo, sino el que puede renovarse: una pareja que atraviesa una infidelidad y se reconstruye no vuelve al vínculo anterior, sino que construye uno nuevo, con otras reglas, porque el vínculo original —el que hizo posible la traición— ya no puede sostenerse igual.
5. No confunden perdón con olvido. Perdonar, en este contexto, no es actuar como si no hubiera pasado nada. Implica procesar lo ocurrido, reorganizar su ser después del golpe, reconstruir la sensación de seguridad y aceptar nuevas condiciones de la relación; no borrar el episodio de la memoria.
Winnicott enseña que un vínculo se fortalece no cuando evita la destructividad, sino cuando el objeto —en este caso, la pareja— sobrevive a ella. Perdonar, en este sentido, no es negar el daño ni la rabia que provocó, sino permitir que el vínculo atraviese esa destrucción sin romperse del todo, y salga transformado del otro lado. Es, literalmente, la diferencia entre "olvidar" y "reconstruir".
Las parejas que no logran reconstruirse suelen compartir un patrón inverso: la crisis se resuelve en apariencia, pero nunca se trabaja en profundidad. Se vuelve a los patrones antiguos apenas baja la tensión, no se establecen acuerdos nuevos y concretos, y la persona que fue infiel o la que lo padeció pide "pasar página" antes de que la otra haya podido procesar lo sucedido. Con el tiempo, lo que parecía superado reaparece, porque la herida nunca terminó de cerrarse.
Berenstein y Puget llaman a este mecanismo "negación vincular": la pareja actúa como si el problema estuviera resuelto, mientras lo ajeno —aquello que generó la crisis— sigue operando por debajo, sin nombrarse. Es la explicación psicoanalítica de por qué tantas parejas "superan" una infidelidad en la superficie y, años después, descubren que en realidad nunca la trabajaron.
Referencias
Freud, S. — Más allá del principio del placer
Lacan, J. — El seminario, libro 20: Aún
Berenstein, I. y Puget, J. — Psicoanálisis de la pareja matrimonial
Mitchell, S. A. — Can Love Last? The Fate of Romance over Time
Rabinovich, D. — La angustia y el deseo del Otro
Winnicott, D. W. — El uso de un objeto y la relación por medio de identificaciones

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