Los amorosos, del desencuentro a la fractura.

Todo inició con una mirada. Después vinieron las palabras que conmueven el cuerpo, abrazos, besos, encuentros y desencuentros. El resto es historia.
“Tenemos dos hijos un perro y 10 años juntos. Ya no podemos entendernos.
El dice “A”, y yo entiendo “Y”. Reacciono a la defensiva, él se pone mal y luego el silencio por días…”.
Desde los inicios, el final de la relación es una amenaza que sortean los amorosos para que no los alcance. Se escurren por los rincones para burlar el fin. Así se construye una vida, una familia, una pareja.
En el camino, los amorosos se convierten en padres, madres, amigos, compañeros de trabajo, socios y van sumando lazos invisibles que los envuelven, los ligan y, a vecestambién los enredan.
Un día, al despertar, la vida tiene sentido en ese cúmulo de sueños, proyectos, ilusiones y rutinas que construyen el camino de a dos.
Los desencuentros no esperan. Son retos cotidianos que invitan a la estrategia, cuál ajedrecista que protege la relación como a su reina. En cada movimiento se determina el juego, y una vez más se aplaza el fin: las piezas siguen en el tablero.
Los desencuentros esculpen la relación. Le dan formas que mutan con el tiempo. La relación cambia, madura, crece, se construye y se crea. Los amorosos son artistas en elacto de estar en pareja.
Pero también hay fracturas. Son diferentes a los desencuentros cotidianos. Las fracturas son distancias silenciosas en dónde el “tú y yo” se desdibuja. Que producen zanjas. Entonces,es el tiempo de pausar para pensar si es preciso construir puentes.
La terapia de pareja acompaña esas pausas y brinda herramientas para seguir inventándose, siempre y cuando sigan siendo dos

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